lunes, 14 de enero de 2013

La Revolución Informal


El problema en los países en vía de desarrollo no se encuentra en la economía informal sino en el Estado central, ya que su incapacidad para satisfacer las aspiraciones más elementalesde las clases más bajas.
La legalización en los países subdesarrollados es un asunto tan costoso que es una de las razones por las cuales se convierte en un privilegio de las clases que posen el poder económico y político, generando con ello que las pases populares no les quede otro camino que el de la ilegalidad. “Este es el origen del nacimiento de la economía informal” Así es como lo plantea el  economista Hernando de Soto en su libro “El otro sendero”.
En las sociedades tercermundistas como es el  caso colombiano; el sistema legal parece haber sido creado con el fin de favorecer  exclusivamente al sector privados y castigar a los pobres  manteniendo en una permanente condición de fuera de la ley, a los que no lo son. Y absurdo porque un sistema de esta índole se condena a sí mismo al subdesarrollo, es decir no sólo a no progresar sino a hundirse cada día más en la ineficiencia y la corrupción.
Las cuatro ramas donde más se ve estas formas de informalidad son: el comercio, la industria, la vivienda y el transporte. Demostrando además ser abrumadora mente más productivos en sus empresas que el Estado.
Según Hernando de soto “los países latinoamericanos nunca tuvieron una economía de mercado y que sólo ahora, gracias a la informalidad, aquélla comienza a abrirse paso- aunque de una manera salvaje y limitada- y probablemente este principio aplique para  casi todo el mundo tercermundista”.
La “informalidad” es una réplica de las mayorías contra ese sistema  que las ha hecho tradicionalmente victimas de una suerte de apartheid económico y legal. En ese sistema, las leyes parecían pensadas para cerrarles el acceso a cosas tan elementales como tener un trabajo y disponer de un techo.
Lo fundamental es que el Estado recuerde siempre, que antes de redistribuir la riqueza, hay que producirla. Y que, para conseguirlo, es indispensable que la acción estatal sea lo menos obstructora de la acción  de los ciudadanos, ya que éstos saben mejor que nadie lo que quieren y lo que les conviene. Devolver a la iniciativa y el empeño de los ciudadanos aquellas tareas que ha venido usurpándoles o trabando, y limitándose a operar en aquellos dominios específicos, necesarios a la Nación.

Las limitaciones de vivir al margen de la ley impone a las empresas informales, impidiéndoles crecer y planear el futuro, especializarse o protegerse (contra riesgos como el robo o el siniestro) y lo vulnerables  que son a cualquier crisis.